martes, 19 de julio de 2011

New York, New York


En Marzo, tuve la suerte de estar 15 días en la capital del mundo. Conseguí un viaje tirado de precio, y aprovechando que mi novio tenía 15 días de vacaciones por cogerse, hicimos las maletas y nos fuimos a la aventura. 

Me encantaría contaros el viaje con todo detalle, pero soy una vaga, y no me apetece escribirlo (15 días no se escriben 15 líneas). Pero a cambio, os dejo aquí una fotitos y una crónica que escribí sobre la ciudad. La escribí para la uni, para la clase de Géneros Informativos, y tuve un 9. Por lo tanto, espero que os guste tanto como a mi profesor.

Tengo unas novecientas fotos, pero aquí no voy a subirlas todas, obviamente.
Lo que NO me gustó: El frío helador y que te sacan dinero casi hasta por respirar.
Lo que SÍ me gustó: TODO (menos lo anterior).






























Se dicen muchas cosas sobre Nueva York, y todas son ciertas. Es una ciudad grande, cosmopolita, multicultural, sucia, moderna, animada, rápida, turística… Y sobre todo, increíble. Todas las cosas que vemos en el cine, y que pensamos que “eso sólo sale en las películas”, existe, y puede encontrarse allí. En una ciudad tan grande e idealizada, podemos encontrar todo, o casi todo lo imaginable. No hay más que buscarlo.
La sociedad americana es consumista, y no es de extrañar, teniendo en cuenta la gran variedad de productos disponibles. Las tiendas tienen todas más de dos pisos, incluso en las zonas más humildes. Entrar a las tiendas neoyorquinas es una verdadera odisea, ya que en su interior hay tantas cosas que no se sabe por dónde empezar. Son destacables, sobre todo, las tiendas de la quinta avenida, en la cual podemos encontrar un edificio entero dedicado a cada marca. En esta distinguida avenida, en la que se ven limusinas continuamente, las tiendas cuentan con seis plantas aproximadamente, al menos treinta empleados, sofás para la comodidad de los clientes, ascensores, baños y una trabajada decoración. ¿Cómo no comprar nada en un ambiente así? El gran problema es sobre todo, elegir una sola cosa. Hay tanta variedad, que marea. Tras encontrar algo que es de nuestro gusto (que no es difícil), siempre aparece algo más que también nos gusta. No es posible salir de las tiendas con una sola cosa.
Esto mismo puede aplicarse a cualquier comercio, pero sobre todo, a los de comida. Son prácticamente ilimitadas las opciones. En cada esquina es posible encontrar pequeños puestos de perritos calientes y comida para llevar. En todas las calles hay restaurantes, locales de comida rápida, y “delis”, pequeñas tiendas en las que se puede comprar comida. Hay miles de tipos de aperitivos y refrescos de todos los sabores. Los establecimientos que proporcionan todo tipo de bebidas calientes y repostería  también pueden encontrarse cada dos por tres. Sobre todo abundan los Dunkin’ Donuts y los famosos Starbucks. Y es que los neoyorquinos viven pegados a sus vasos de café.
En esta enorme ciudad, el ritmo de vida es rápido. No hay tiempo para ir a casa y sentarse a comer, sino que lo mejor que puedes hacer es beberte un café de camino al trabajo, y si después tienes tiempo, comprarte algo de comida rápida para almorzar en algún descanso. Un ritmo de vida tan rápido, que la gente no sale a la calle simplemente para pasear, sino que sale para ir a algún sitio, y con prisa. Prisa por llegar a tiempo al trabajo, a una cita, a una fiesta… pero siempre prisa.
Lo bueno de la inmensidad de Nueva York, es el poder perderte entre la gente. Nadie llama la atención en esta urbe, ya que se ve de todo. Es tal la mezcla de estilos y culturas, que ya nadie se sorprende. Puedes llevar un florero en la cabeza, y tal vez te miren un poco al principio, pero tampoco se extrañarán demasiado. En Nueva York puede encontrarse gente muy curiosa, como policías que dirigen el tráfico bailando, mendigos que piden dinero a gritos, bailarines que se cuelan en el metro, artistas que pintan las aceras, turistas perdidos, excéntricos que anuncian el inminente fin del mundo, vendedores ambulantes, domadores de ratas… y nadie se sorprende de nada.
Si algo bueno tiene esta metrópoli, es lo amable y lo servicial de su gente. En todos los comercios te saludan y te preguntan cómo estás. Tampoco saldrás de ningún sitio sin que te deseen un buen día. Si te empujan sin querer, aunque sea un golpe mínimo, siempre te pedirán perdón. Incluso si eres tú el que tropieza con ellos, se excusan por estar en medio. Aún así, me atrevo a decir que es una cultura llena de contradicciones. A los 16 años se puede conducir un coche y alistarse en el ejército. A los 18  ya se puede fumar, votar, tener un arma y jugar a la lotería. Sin embargo, hasta los 21 no se puede ir a prisión, consumir alcohol, y ni pensar en entrar en las discotecas. Es sorprendente que con esta legislación no haya más accidentes y delitos de los que ya hay.
La imagen que casi todo el mundo tiene de Nueva York, es de una ciudad hermosa pero a la vez peligrosa. Nada más lejos de la realidad. Es hermosa,  podría decir que tremendamente hermosa, pero sólo para aquellos a los que les gustan las grandes villas y los que se desenvuelvan bien en ellas. Y para nada peligrosa. Es un lugar transitado a todas horas, sus calles nunca están vacías por completo y por lo tanto la sensación de seguridad es mayor. Los coches de policía están por todas partes, garantizando la protección. Los barrios como Brooklyn o el Bronx, tampoco son lo que se dice. Hace unos años tal vez lo fueran, pero hoy en día, son barrios totalmente normales. Cierto es que en ellos residen la mayoría de inmigrantes, pero conviven tranquilamente y trabajan como ciudadanos no problemáticos. La única “medida” que debe tomarse, es tratar con respeto a la gente, ya que allí es mejor respetar la regla de “vive y deja vivir”. Mejor no molestar a nadie si no queremos ser molestados.
Me es imposible resumir todas mis impresiones sobre Nueva York en tan sólo unos párrafos. Pero no dudo al decir que, sus partes buenas superan a sus partes malas con creces. Es una ciudad liberal, abierta a todo el mundo, en el que existen oportunidades para todos si se buscan, y en el que nadie es rechazado.



miércoles, 6 de julio de 2011

Mi pequeña.

Dicen que los gatos son ariscos, independientes, interesados, y desagaradecidos. Pues no, los que dicen eso no tienen gato.






Porque ella no es así. Ella es un amor. Al llegar a casa se frota contra mis piernas, dándome la bienvenida. Es curiosa y juguetona, le encantan las visitas. Me encanta cuando se acurruca contra mi en el sofá, y cuando duerme en mis pies. Cuando está contenta se tumba boca arriba ronronea, y le gusta tomar el sol. Persigue reflejos y juega con culaquier cosita que se encuentre. Es genial cuando maúlla suavemente para que le haga un poco de caso.

La adoro.

Dedico este post a mi gata, que lleva ya muchos años conmigo, alegrándome cada vez que la veo.

Gracias. ♥