Cuesta decir adiós a las cosas buenas, a las que uno se acostumbra rápido. Adiós calor, adiós sol, adiós horas muertas rascándome la barriga, adiós a tener tiempo para cualquier cosa.
Y cuesta aún más empezar de nuevo. Al principio, incluso podemos tener algún remoto deseo de empezar la rutina, para volver a ver a esas personas que no hemos visto en meses, estrenar el material de clase/trabajo, y aprovechando, comprarnos alguna prenda más invernal que nos siente bien.
Pero eso no dura más que el primer día, las primeras horas. Lo cierto es que, la rutina desgasta. Desgasta mucho. Hay personas a las que les gusta la lluvia y el frío. Pero no es mi caso. Todo lo veo gris, todo me parece frío, y es imposible no estar negativa en épocas así. No puedo evitar que las cosas malas me afecten más de la cuenta.
Ponerme enferma cada dos por tres no ayuda. Y es que he empezado el curso con mal pie. Enferma, sin ganas, enfadada por el nuevo horario.... y ahora mismo, todo se me hace grande. Más duro de lo normal. Se me junta todo y es una auténtica bomba de relojería.
Lo siento por este post tan negativo, pero el comienzo está siendo duro. Esperemos que salga un rayo de sol pronto.
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